Mi viaje por Guatemala comenzó en Ciudad de Guatemala, una metrópolis bulliciosa que muchos viajeros tienden a pasar por alto, pero que yo encontré llena de sorpresas. La ciudad es moderna, caótica y vibrante.
Pasé un par de días explorando la Zona 1, el centro histórico, donde se encuentra el Palacio Nacional de la Cultura, un edificio imponente de color verde que alberga murales históricos increíbles. Caminando por el Parque Central, observé la vida cotidiana de los guatemaltecos: vendedores ambulantes, músicos callejeros, y familias disfrutando del domingo.
El Arco de Santa Catalina se convirtió rápidamente en mi lugar favorito para fotografiar. Esta estructura icónica, construida en 1694, conectaba dos conventos separados por una calle transitada.
Pero lo más espectacular es cómo el arco enmarca perfectamente el Volcán de Agua en el fondo, creando una postal perfecta. Pasé varias horas en esa calle, capturando la luz cambiante del día sobre el arco amarillo brillante.
Me senté en las bancas del parque durante horas, simplemente observando la vida pasar: turistas tomando fotos, vendedores de artesanías mayas, niños jugando, y locales conversando. La atmósfera es mágica, especialmente al atardecer cuando las luces comienzan a iluminar las fachadas coloniales.
Caminé entre los arcos derruidos, imaginando cómo habría sido esta catedral en su época de esplendor. La historia está viva en cada piedra.
La gente de Antigua fue extremadamente amable y servicial. Los guatemaltecos están orgullosos de su herencia maya y española, y eso se refleja en todo: desde la comida hasta el arte. Probé pepián, un guiso tradicional maya con un sabor complejo y especiado que me encantó. También disfruté de los tamales guatemaltecos, envueltos en hojas de plátano y rellenos de pollo o cerdo.
Antigua es un poco circus turístico, es cierto, pero su belleza y riqueza cultural son innegables. Entre las iglesias coloniales, los mercados artesanales, los tours de café en las plantaciones cercanas, y las vistas constantes de los volcanes, cada momento en Antigua fue memorable.
La ciudad logra ese equilibrio perfecto entre ser accesible para turistas y mantener su autenticidad cultural. Guatemala me sorprendió gratamente, y definitivamente regresaré para explorar más de este país increíble.

















