La Mina de Larimar, conocida popularmente como “Los Chupaderos”, recibe su nombre del pueblo donde se localizó la mina de pectolita azul, aproximadamente a 10 kilómetros de la ciudad de Barahona, en la misma región de Enriquillo. Se trata de la única mina en todo el mundo de esta llamativa piedra, lo que le confiere mayor valor.

Minas de Larimar es una experiencia única que no te puedes perder si visitas República Dominicana. Para empezar, hablamos de la única mina del mundo en la que se puede encontrar esta piedra de color turquesa, que se utiliza para la elaboración de joyas. Tanto su belleza como lo raro de su origen hacen que merezca la pena visitar las minas para observar el proceso de extracción y procesado.

Te permitirá aprender más sobre la historia y la cultura de la región. Conocerás la historia de la mina y su descubrimiento, hablarás con los lugareños y podrás visitar talleres en los que se corta y pule el Larimar, dando lugar a las preciosas piezas que se exportan a todo el mundo.

Otro motivo por el que no te puedes perder  es que podrás adentrarte en una de las partes menos conocidas de República Dominicana, y posiblemente una de las más auténticas. La región de Barahona tiene menos afluencia de turistas que otras zonas, lo que te dará la oportunidad de experimentar la cultura y estilo de vida auténticamente dominicanos.

Si quieres más que sol y playa durante tus vacaciones, no dejes de reservar una visita a las fascinantes Minas de Larimar.

En una visita guiada por la mina, podrás conocer de cerca el peligroso proceso de extracción de esta gema preciosa. El ambiente que se respira en este paisaje resulta majestuoso y místico, aunque una vez te adentras en la visita comprendes la dificultad y el gran esfuerzo que supone extraer la piedra.

Los colores van del blanco, azul claro, azul verdoso y azul profundo, cuanto más oscuro mayor valor. Además, también se puede encontrar alguna con rasgos rojizos, se trataría de restos de hierro. Como es una piedra fotosensible, con el paso de los años va perdiendo color.

Se conoce que ya en 1916 el entonces párroco de Barahona, Miguel Domingo Fuertes de Loren, informó sobre un descubrimiento de piedras azules y solicitó excavar el terreno, pero nadie le hizo caso. En 1974, Miguel Méndez y Norman Rilling, perteneciente este último al Cuerpo de Paz, redescubrieron las “rocas azules” y Méndez las bautizó como “larimar”, derivado de la unión de Larissa, nombre de su hija, y mar.

Organiza una excursión a la espectacular mina y descubre la belleza de esta gema tan singular.

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